martes, 16 de mayo de 2017

" LA SOLITARIA CHICA DE LAS 4 Y 13 DE LA MADRUGADA "

Esta noche estaba como casi todos los días sentado o postrado ante esta antesala de la vida. En la quietud de la noche busco el refugio que necesito para analizar hasta las sombras que crea la ceniza de mi cigarrillo en el cenicero opaco por la falta de una buena ducha. Solo rompe los silencios algún que otro coche furtivo que pasa por la avenida principal donde vivo. Es madrugada de miércoles, menos mal, la jauría desbocadamente adolescente solo rebuzna los fines de semana. Si hubiera sido fin de semana, los alaridos que escuché esta noche, se hubieran confundido. Ni tan siquiera hubiera reparado en ellos. Pero era miércoles, la hora marcaba las 4:13 y de repente escuché insultos entrecortados en voz alta, me levante retire ligeramente, anónimamente, sagazmente, la leve cortina de seda que cubría la ventana del tercero y vi a una mujer de mediana estatura, pelo corto, unos 35 años. Al ver como iba profiriendo insultos al aire o contra alguien mientras giraba la cabeza para atrás bajando la calle, también aprecie un excelente culo pegado a dos piernas torneadas. La chica de las 4:13 estaba cabreada, colocada, borracha y o sola. La seguí con la mirada pensando en tantas cosas que por un momento me sentí ella. No me importó.



En su camino se cruzó con cuatro containers de las basuras, a su lado una pequeña caja de cartón con desperdicios fue la diana perfecta para su ira dándole una patada que la envió al medio de la calle. La chica de las 4:13 tiene mala suerte, justo en ese momento pasa por allí un coche de la policía municipal. Apenas escucho nada desde el tercer piso de la avenida principal. Las cosas están pasando a unos 150 metros. La policía requiere su atención, salen del vehículo, y al parecer la llaman y la reprenden por lanzar la caja con basuras al medio de la calle y la instan a recogerlo. Mientras, uno de ellos se acerca al coche patrulla con el documento de identidad a verificar los datos, la chica recoge todo y lo coloca donde estaba antes de su incontenida rabia. Todo esta en orden. Después de unos minutos de conversación, los policías se van, mientras lo hacen, unos de ellos le da una palmada en el brazo a modo de buen rollo. Tiene que ser jodido ser un buen poli. Pero me cuesta creer que un buen tipo sea poli. La chica de las 4:13 bajaba, pero ahora y después de pensarlo un rato se dispone a subir, como así lo hace. Yo sigo a la chica y a la noche con la mirada. Con la sensación de estar viviendo quizás una parte de la película de mi vida. La mujer se para en un lugar a media luz por las obras de la fachada. Con la ventana entreabierta con sigilo, intento saber de donde llegan las lagrimas que escucho. Es la chica de las 4:13 que se ha derrumbado. Se ha venido abajo. Lloró durante unos minutos. Sentí que eran lágrimas de vergüenza. Como si lo que hubiera hecho hace unos instantes fuese algo impensable. Esas cosas que jamás dices que harías. Me dio la sensación de ver a una mujer con el norte recién partido, dañado, herido o vejado. O tan solo era una mujer con un mal día. No lo se.


Mientras terminaba sus sollozos recostada en el mecano tubo, se agacho, y apenas percibía lo que estaría haciendo. Pero mi mente kanalla se inclinó por que se estaba esnifando una raya, fumando un chino o dándose un chute. Por lo que tardó en incorporarse podría estar haciendo eso o algo mas interior. Descarto la meada porque no vi el típico reguero que se desliza en las bajadas. No lo se, y tampoco me importa. A veces no hay motivos y eso puede ser parte de nuestras frustraciones. Por fin se incorpora y camina de nuevo hacia abajo. Al llegar donde la caja maltratada se paró se agacho de nuevo y terminó de retirar las minucias de ira que quedaban por el suelo. Se quedó unos instantes frente a la basura como si estuviera rezando un voz baja. Como pidiendo perdón por lo acaecido. O tal vez en aquellos containers vio su camino, su destino o el vertedero donde volcar tanta mierda contenida. No se si iba o venia, pero la chica de las 4:13 siguió caminando hacia abajo. Mañana me asomaré a la ventana a la misma hora, tal vez se arrepienta de su decisión y decida volver a ninguna parte.